Cómo dejar de distraerte con tonterías y concentrarte en lo importante

Por Genial Guru

En ocasiones llevamos todo el día intentando trabajar, pero nos distraemos viendo las redes sociales o los portales de noticias y, al final, no nos queda tiempo para hacer lo realmente importante. El tiempo ha pasado y nos vemos obligados a terminar las cosas al día siguiente o, peor aún, el fin de semana.

Ayer tuve un día poco productivo, estaba trabajando cuando de repente encontré en Internet un sinnúmero de artículos acerca de mis aficiones (ciclismo y programación), jugué con los niños en el iPhone, leí noticias y finalmente no hice nada de lo que tenía planeado.

Toda esta semana, mi tiempo de lectura y meditación lo he dedicado a navegar por Internet. Creo que muchos de nosotros tenemos el mismo problema.

Hoy cerré todas las pestañas del navegador con artículos que pensaba leer más tarde, eliminé juegos de mi móvil y me prohibí abrir el correo electrónico. Aposté por un día sin Internet.

Medité. Me duché. Di un paseo en bici para despejarme. Luego encontré un sitio donde no había Wi-Fi y me puse a escribir.

Este artículo va dirigido a aquellos que siempre tienen que luchar contra la tentación de volver a navegar por la sección de noticias. Para los adictos a Internet como yo, para los enganchados a la pantalla.

1. Reconoce que te has distraído.

La costumbre de distraerse es muy astuta, a menudo ni nos damos cuenta de que nos estamos distrayendo. Aparece sin avisar, un momento… y ya, débiles, le pertenecemos por completo, y ni siquiera nos percatamos de eso.

En realidad no somos tan débiles. Nuestra fortaleza es la capacidad que tenemos para concienciarnos. Obsérvate a ti mismo: qué páginas web visitas más a menudo y con qué frecuencia pasas todo el día mirando el móvil.

Cuando yo empecé a dejar de fumar, siempre llevaba conmigo papel y lápiz. Cada vez que me apetecía un cigarro, lo anotaba. Me permitía fumar ese cigarro, pero primero tenía que reconocer mi deseo y dejar constancia documentando el hecho.

Así ejercitaba mi consciencia, ganando algo de tiempo entre el deseo y las ganas de hacerlo. Esos segundos frenaban mis impulsos y me permitían pensar bien en la elección. Una elección consciente. Y al final, dejé de fumar.

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